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Asesinos seriales: Una vida marcada por su infancia de maltrato a los animales
En tanto que en países en desarrollo se sigue considerando a la inseguridad como un problema exclusivo de número y equipamiento de policías, y excepcionalmente, como una consecuencia de pobreza o desintegración familiar, en los países más desarrollados hace varios años que se estudia y se trabaja sobre la relación entre la formación de personalidades criminales y una práctica de desprecio y abuso hacia los animales durante la infancia y la adolescencia. La sola indiferencia hacia el sufrimiento de cualquier ser vivo es deformativa, pero si además, se fomenta la crueldad de los niños permitiendo que hagan daño a los animales, las consecuencias pueden ser graves.
Estos son algunos casos de asesinos en serie que comenzaron maltratando animales:
Jeffrey L. Dahmer
Jeffrey Dahmer confesó haber asesinado, desmembrado y, en algunos, casos, cometido actos de canibalismo con 17 varones. De niño, Dahmer empalaba perros y clavaba estacas a gatos en su jardín. Dahmer fue condenado a muerte, pero antes de que se llevara a cabo la sentencia, otro preso acabó con él en 1994.
Edmund Emil Kemper III
Edmund Kemper fue condenado en 1973 por ocho cargos de asesinato en primer grado (8 mujeres incluyendo a su propia madre). A los 13 años mataba a los gatos del vecindario (a veces enterrándolos vivos), ponía sus cabezas en estacas y hacía conjuros con sus "trofeos". Cortó a rebanadas la cabeza de un gato con un machete, decapitó a su propio gato y lo troceó... Exactamente lo mismo que hizo con su madre años más tarde...
Albert Desalvo
El "Estrangulador de Boston" mató a 13 mujeres entre 1962 y 1963, pero fue sentenciado a cadena perpetua por robo armado, asalto y delitos sexuales hacia cuatro mujeres. Cuando era joven, atrapaba gatos y perros en jaulas y se divertía lanzándoles flechas a través de las rejas.
Luke Woodham (Pearl, MS)
A los 16 años, Luke Woodham apuñaló hasta la muerte a su madre y luego se dirigió al Instituto, donde disparó a sus compañeros, asesinando a dos e hiriendo a otros siete. Anteriormente, Woodham había relatado en su diario cómo le pegó, quemó y torturó a su perro, Sparkle, hasta la muerte, describiendo esta atrocidad como "verdadera belleza". Un vecino fue testigo de parte de la tortura a Sparkle, pero no lo denunció (seguramente nunca hubiera imaginado lo que puede esconderse detrás de semejante acto, a parte de la crueldad intrínseca)... En junio de 1998 se le declaró culpable de tres asesinatos entre otros delitos, por los que fue sentenciado a más de tres cadenas perpetuas.
Kip Kinkel (Springfield, OR)
A los 15 años asesinó a sus padres e incendió la cafetería de su Instituto, causando la muerte a dos alumnos e hiriendo a otros 22. "Siempre nos explicaba lo que hacía con los animales... Le gustaba torturarlos y contárnoslo. Decapitaba gatos, viviseccionaba ardillas...", declaró un compañero de fútbol americano de Kip Kinkel, en el New York Times (5/22/98). En el mismo artículo, un compañero de clase afirmaba que "Él era muy temperamental... Decía que en alguna ocasión había hecho explotar una vaca. Durante el asalto a la cafetería su cara era normal, parecía que lo hiciera cada día...". Y lo hacía cada día, pero nadie lo tomaba en serio si sus víctimas tenían cuatro patas, agregó el columnista del Denver Post Chuck Green.
Eric Harris y Dylan Klebold (Littleton, CO)
Eric Harris y Dylan Klebold, de 18 y 17 años respectivamente, llevaron pistolas y "pipe bombs" a su Instituto y asesinaron a 12 estudiantes y un profesor antes de suicidarse. Varios amigos afirmaron que a Harris le gustaba aplastar las cabezas de ratones con una regla y prenderles fuego. Según la prensa, el Reverendo Don Marxhausen, que ofició el funeral de Dylan Klebold, dijo "Sí, los padres sabían que el chico tenía armas de fuego en casa, pero creían que eran sólo para dispararles a los pájaros carpinteros".
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