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Un ejemplo de Evolución
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Un ejemplo de evolución
Con paso firme
Marcia Lara de Moreno (*)
13/03/2010
La patética y operística corrida de toros, último remanente de una era bárbara y pasada, todavía deshonra nuestra civilización —Desmond Morris
Esta semana en el parlamento de Cataluña se llevaron a cabo las comparecencias de diferentes personalidades expertas en ética, literatura, filosofía, derecho, etología, antropología social y medicina veterinaria para que sus diputados tengan información pertinente y valoren la posibilidad de prohibir las corridas de toros, propuesta a través de una iniciativa legislativa popular.
Dicha iniciativa fue presentada a trámite el 18 de diciembre pasado, acompañada de las firmas de 180,000 ciudadanos que respaldan la petición elaborada por la plataforma denominada “Prou!” (¡Basta! en catalán). La iniciativa de “Prou!” pide la modificación de la ley catalana de protección de los animales para vetar las corridas y los espectáculos con toros que incluyan la muerte del animal. Si esta iniciativa llega a feliz término con su texto original, Cataluña se convertiría en la segunda comunidad española en prohibir las corridas, pues Canarias las vetó en 1991.
Quien crea que el tema de la prohibición de las corridas de toros sólo atañe a los grupos defensores de animales está equivocado; si bien el interés genuino y fundamental de estos grupos para vetarlas es la protección de los animales, la cuestión de la tauromaquia involucra a sectores que verán afectados sus intereses económicos con esta medida y a los partidos políticos que sumarán o restarán votos con su decisión a favor o en contra de la misma.
Algunos integrantes de los Partidos Socialista Catalán (PSC), Popular (PP) y Ciudadanos (Ciutadans) han querido eludir su responsabilidad en el asunto, calificando la propuesta como una medida “independentista” y declarando a los catalanes antiespañoles. Justo es decir que los catalanes se han sentido agredidos por esta visión que se quiere presentar de España, pues para ellos la idea de que el atavismo de las corridas de toros se presente como algo inherente a la cultura española ofende a la inteligencia y a la obligación moral que toda sociedad debe tener de dejar a un lado las tradiciones que la atan al primitivismo social.
Muy interesantes han sido las tesis presentadas por los antitaurinos que con argumentos sólidos demuestran y evidencian las ideas erróneas que manejan desde siempre: el toreo es arte, el toro de lidia no sufre, al ser un evento tradicional se debe mantener y es el símbolo cultural español por excelencia.
La idea machacona de presentar a las corridas de toros como arte queda perfectamente desvelada al escuchar la ponencia que aclara la diferencia entre arte y objeto de arte; el hecho de que se hayan plasmado cientos de imágenes del martirio de los santos e incluso de la crucifixión de Cristo no implica que se tenga que seguir martirizando a nadie para seguir creando esas obras artísticas. La obra literaria de Hemingway (ejemplo infalible entre los taurómacos) donde su atracción hacia el tema de la muerte —como en otros escritores— es constante, no remite que la muerte sea arte, sino objeto de.
La tortura y la muerte de un bóvido pacífico con la justificación de que la secreción de endorfinas neutraliza y elimina su dolor se cae con los informes de medicina veterinaria que nos dicen que esas endorfinas se producen justo porque hay dolor. Es pueril negar que las banderillas, el estoque o la espada no hieran ni lastimen.
Mantener una tradición sin el análisis exhaustivo y serio de si debe permanecer o erradicarse nos puede estancar como sociedad. La moral de un pueblo, entendida como el conjunto de costumbres practicadas por la misma, no justifica que éstas se tengan que perpetuar cuando se demuestra que detrás de ellas hay injusticia y crueldad. La ética es lo que nos permite analizar racionalmente si la moral o tradición de un pueblo se debe o no transformar y para esto algo primordial es cuestionar si esta tradición aguanta el principio de la universalidad.
Los ciudadanos catalanes han dado un paso muy grande para revertir ese escollo espiritual que hoy sólo ocho países en el mundo conservan como método de diversión: asistir a la tortura lenta y premeditada de una bestia inocente y aplaudir y regocijarse cuando ese ser tiñe de rojo la arena de sacrificio. El siguiente les toca a los diputados que tienen la oportunidad de respetar el anhelo de sus ciudadanos y convertir a Cataluña en ejemplo de evolución para las comunidades donde la salvajada de las corridas de toros delatan lo anacrónico de su cultura.— Mérida, Yucatán.
marcysugar@yahoo.com.mx Marcy Lara ————— *) Representante de la Asociación Mexicana por los Derechos de los Animales. Vicepresidenta de “Sueños de Ángel”


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