¿Has oido aquello de que el perro es el mejor amigo del hombre...? Pues en AMEDEA creemos que no sólo el perrro, sino todos los animales que nos hacen la vida más alegre con su compañia.
Estas son algunas de las fotos de varios de nuestros amigos con sus todavía aún mejores amigos, esperamos que les gusten.
POR EL GRAN CARIÑO QUE TE TUVIMOS Y LA FELICIDAD
QUE TRAJISTE A NUESTRAS VIDAS TE EXTRAÑAMOS "TOBY"
FEBRERO 2006-SEPTIEMBRE 2009
Hay un puente que queda entre el Paraíso y la Tierra
que se llama El Puente del Arco Iris.
Cuando un animal ha sido especialmente amado por alguien y muere,
entonces va allí.
Hay valles y colinas para que esos seres especiales puedan jugar y correr.
Hay agua y sol, pero nunca frío ni calor, para que estén cómodos y protegidos.
En ese lugar recuperan su salud, y los ancianos su juventud y vigor.
Ellos se encuentran ahí felices, excepto por una cosa:
cada uno de ellos extraña a alguien muy especial,
alguien a quien tuvo que dejar atrás.
Todos corren y juegan juntos; para ellos no ha pasado mucho tiempo.
Pero llega un día en que uno de ellos se detiene de repente
y mira a la lejanía.
Sus brillantes ojos se ponen atentos;
su impaciente cuerpo se estremece y vibra.
De repente se aleja corriendo del grupo, volando sobre la hierba,
moviendo sus patas cada vez más y más rápido.
Esa persona que lo amó, está por llegar, y él tiene una misión que cumplir.
Debe ayudarlo a llegar a su nueva morada sin temores ni angustias.
Ese será su pago por el tiempo maravilloso que tuvo en vida junto a él.
Finalmente se encuentran,
y se abrazan en un maravilloso reencuentro,
para nunca separarse de nuevo.
Pueden mirarse confiadamente a los ojos,
después de tanto tiempo, pero nunca ausentes en su corazón.
El amo confía en su mascota y se deja guiar sin miedo.
Entonces cruzan el Puente del Arco Iris juntos
para llegar a su destino final...
MAX
A dos meses de su muerte,
como testimonio de mi gratitud y de mi amor a mi Max,
mi pequeño angelito noble y bueno como ninguno,
que me quiso como nadie más me ha querido,
con toda la aceptación e incondicionalidad que jamás creo que volveré a sentir,
y que nunca, pero nunca dejaré de extrañar.
13 de marzo de 1994 • 3 de agosto de 2008
Dolly
Por Carmen Cecilia Mendoza Romero
Un día común en el que llegaba de mi trabajo por la tarde, escuché un ruido en la banqueta y cuando volteé a ver que era lo que se movía en las plantas, ví a una hermosa perrita que parecía Pastor Alemán, estaba acostada como descansando del calor, me miró con curiosidad y movió su colita como ¡saludándome!
Le dije: “¡hola, estás muy bonita, tienes cara de muñeca!” Proseguí a meter mi carro en el garage y cuando me bajé a cerrar la puerta, me dí cuenta de que la perrita se había levantado y ya se iba, pero alcancé a notar que cojeaba y que estaba prácticamente en las costillas y muy sucia. Pensé que no podía permitir que se fuera y corriera el riesgo de ser atropellada o morir de hambre, así que la llamé y ella volteó. Ella empezó a caminar hacia mí y le ofrecí agua, luego empezó a mover su colita y se acabó el agua. Le dí un poco más y mientras ella tomaba agua yo entré a mi casa a ver que podía ofrecerle de comer. Le convidé un poco de arroz, caldo de pollo con un muslito y verduritas porque se veía que tenía mucha hambre. Por supuesto que con el olor del alimento ella empezó a caminar hacia el interior del garage hasta que pude cerrar la puerta. ¡Estaba adentro! ¡Era mía! Y no permitiría que le pasara nada malo. No tenía ninguna placa así que no podía llamar al dueño.
Les dije a mis papás que había adoptado a una perrita que parecía Pastor Alemán y les pregunté si querían salir a conocerla. Mi mamá contestó: “¡otro perro!” A lo que respondí: “yo no la busqué, Papá Dios me la puso en la puerta de mi casa”. Mamá sólo se rió. No era la primera vez que recogía un animal de la calle. Ya tenía a Cookie una gatita que rescaté.
Al principio ella no era una perrita a la que le gustaran los movimientos rápidos y tampoco le gustaba que le tocaran su cabecita. Le tenía pánico a la manguera y a las escobas. Seguramente le pegaban y la maltrataban. Calculo que la perrita tenía entre 2 y 3 años cuando llegó. Ella arrastraba una patita por lo que deduje que la habían atropellado. El veterinario se encargó de desparasitarla y vacunarla inmediatamente y le mandó un alimento especial para animales que tienen tiempo sin comer. Poco a poco se fue recuperando y nos ganamos su confianza y cariño.
Mi vida cambió a partir de ese momento porque ella no es un animalito muy sociable, pero en casa todos la queremos mucho, TANTO que la casa en donde vivimos actualmente la escogimos por el jardín y el espacio que ella tiene para estar a gusto. Es un animalito muy protector de su territorio y su familia.
Hace ya casi 4 años que adopté a mi hermosa perrita Dolly y nos ha traído mucha felicidad desde entonces.
Si tienen oportunidad de adoptar a un animalito, les puedo asegurar que encontrarán a un amigo fiel que siempre estará a su lado incondicionalmente. Dollyes ya todo un miembro de nuestra familia.
Calzada de Tlalpan No. 4888-207 Col. La Joya, C.P. 14090 Delegación Tlalpan, Mèxico, D.F.