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Literatura Recomendada
| Título: |
Sueño en África |
| Autor: |
Ara Ferris |
| Editorial: |
Tercera Edición |
| Comentario: |
Novela romántica que habla no solo del amor entre pareja sino de la pasión de un ideal. Nos invita a llevar nuestro amor por los animales a los hechos y nos hace comprender que el ser un verdadero activista es apasionante. |
| Título: |
Liberación Animal |
| Autor: |
Peter Singer |
| Editorial: |
Cuzamil |
| Comentario: |
Filosofía pionera en el respeto hacia los animales del mundo. Es texto en cursos de filosofía y bioética en las universidades. Contiene referencias muy bien documentadas en el campo de la experimentación y las granjas de explotación intensiva. |
| Título: |
Toros Sí Toreros No |
| Autor: |
Rius |
| Editorial: |
Grijalbo |
| Comentario: |
Excelentemente informado, Rius nos da a conocer los orígenes de ese resabio del circo romano, descubriendo el fraude de la mal llamada "fiesta de los toros", echando por tierra los falsos argumentos de arte, cultura y tradición. |
| Título: |
¡Vivan los Animales! |
| Autor: |
Jesús Mosterín |
| Editorial: |
Plaza y Janés |
| Comentario: |
En forma magistral nos lleva a comprender la animalidad de los humanos (dice que no somos ni ángeles ni computadoras, sino primos de los chimpancés); rompe con esquemas que reservaban conceptos como cultura, inteligencia y sentimientos solo a nuestra especie. Contiene importantes consideraciones biológicas, ambientales, éticas y jurídicas que desbaratan los acostumbrados pretextos para justificar la crueldad hacia los animales. |
| Título: |
Fiesta de Sangre |
| Autor: |
Leonardo Díaz |
| Editorial: |
Ex Libris Ediciones |
| Comentario: |
Estudio breve y completo sobre el sucio negocio de las corridas de toros, sus orígenes, falsedades, manipulación del lenguaje y profundo sadismo. |
| Título: |
Respeto a la Vida |
| Autor: |
Philip Kapleau |
| Editorial: |
El Arbol |
| Comentario: |
Después de leerlo, difícilmente se puede comer carne. Es una poderosa invitación al vegetarianismo, con argumentos éticos, ambientales y de salud. Contiene además, una compilación importante de reflexiones de grandes personajes de la historia universal sobre el trato a los animales. |
| Título: |
Álbum de Zoología |
| Autor: |
José Emilio Pacheco y Francisco Toledo |
| Editorial: |
Colegio Nacional y Ediciones Era |
| Comentario: |
Poéticas Reflexiones y dibujos que nos hacer sentir a los animales no humanos como entes que piensan y sienten mucho más allá de lo que un mundo material y enajenado pudiera percatarse. |
| Título: |
Los Perros que Amamos |
| Autor: |
Alfred Barbou y Bufón |
| Editorial: |
Grijalbo |
| Comentario: |
Magnífica colección fotográfica, con inteligentes y sensibles anotaciones al margen, que no dejan duda sobre la importancia de nuestros más nobles amigos en la vida de la humanidad. |
| Título: |
Las Voces del Silencio |
| Autor: |
Emma D. de Saldaña |
| Comentario: |
Es el libro màs completo que existe sobre antitaurinismo, bien documentado, con historia, argumentos, y todo lo necesario para conocer lo que en verdad son las corridas y que podamos argumentar en favor del respeto a la vida y a la capacidad de sufrir de los otros seres vivos.
Si estas interesado en adquirir este libro, por favor, ponte en contacto con nosotros en el siguiente correo: amedea_ac@yahoo.com.mx |
Extracto del libro "Vivan los animales" de Jesús Mosterín. Espectáculos crueles
El adjetivo castellano cruel viene del latín crudelis, que a su vez procede de cruor (sangre derramada). Crudelis es el sanguinario, el que hiere hasta vertir sangre, o el que se complace viendo cómo la sangre brota de sus heridas. Cualquier otro sentido que pueda haber asumido luego la palabra crueldad es metafórico y translaticio. En los anfiteatros de la Roma antigua, gladiadores y animales salvajes se despedazaban mutuamente durante horas, para cruel regocijo de una plebe grosera. En el sentido literal de la palabra, esos espectadores que se complacían viendo derramarse la sangre de gladiadores y animales eran crueles. Su crueldad contrastaba con la sensibilidad más refinada y suave de los griegos clásicos, aficionados al atletismo y al teatro de ideas. Afortunadamente, esa salvajada no ha sobrevivido, pero otras -como las peleas de gallos y las corridas de toros- todavía colean.
Desde la baja Edad Media hasta principios del siglo XVIII toda Europa era sucia, chabacana, supersticiosa y cruel. Las calles estaban llenas de excrementos, las pestes y epidemias diezmaban la población, y las matanzas, torturas y mutilaciones estaban a la orden del día. Desgraciadamente todavía sigue practicándose la tortura, pero mucho menos que antes y, sobre todo, se practica en secreto, se esconde, se niega, no se hace de ella un espectáculo. Esto es nuevo. Durante la mayor parte de la historia la tortura más espeluznante ha sido aplicada rutinariamente y con la mayor naturalidad. Los procedimientos penales tendían a que el condenado no muriese de golpe, sino que su agonía fuese lo más atroz y prolongada posible.
Descoyuntar sus miembros y despellejar o quemar viva a la víctima eran prácticas habituales, y no las más crueles. Gran parte de estas truculencias se efectuaban en público, como espectáculo para las masas. De hecho no había espectáculos más populares que las ejecuciones públicas y las quemas de herejes, delincuentes o sediciosos. En comparación, eran escasísimos los espectadores del teatro o los conciertos. Hace menos de dos siglos que estos macabros espectáculos han entrado en decadencia. En Madrid se celebraron ejecuciones públicas hasta 1890, cuando fueron abolidas con gran decepción popular. En Tarazona por la fiesta mayor soltaban a un preso, al que mozos trataban de apedrear con grandes terrones de tierra y piedras mientras corría. Si lograba sobrevivir, quedaba libre. Posteriormente, el preso se sustituyó por un arlequín, y los terrones y las piedras, por tomates, con lo que la fiesta perdió gran parte de su crueldad, para gran desencanto de los casticistas. Hace menos de un siglo que la tortura nos ha empezado a parecer algo intolerable, que hay que erradicar. A pesar de todos los horrores de nuestro siglo, ha habido un cierto progreso moral.
No sólo la pública tortura de los hombres era un espectáculo popular, sino que también la de los animales. Aunque menos multitudinaria, también la tortura de osos, toros, gallos, perros y otros animales tenía su público soez y apasionado. Las peleas de gallos y de perros siguen practicándose de forma más o menos legal o clandestina en diversos paises. En los siglos XVI y XVII muchos miles de gatos -identificados con el diablo y la brujería- eran quemados vivos en público, en general en cestos sobre el fuego, a la altura justa para alargar al máximo su agonía. Sus gritos agónicos hacían reír a carcajadas al público. En algunas ciudades de Bélgica se arrojaban gatos desde las torres de los ayuntamientos al suelo en las fiestas. En el siglo XIX los gatos de verdad fueron sustituidos por muñecos de trapo con forma de gato, que todavía hoy siguen arrojándose.
En Inglaterra, desde el siglo XII hasta el XVIII, se celebraban frecuentemente espectáculos de bull-baiting, en los que los toros eran torturados con ayuda de perros especialmente amaestrados. También se celebraban torturas públicas de osos o bear-baitings (aunque menos frecuentemente, pues los osos eran más escasos, caros y difíciles de conseguir que los toros). También las peleas de perros, de gallos y de ratas eran espectáculos populares.
Desde el siglo XVIII el pensamiento ilustrado inició una reacción contra estos espectáculos degradantes, que fueron prohibidos en Inglaterra en el siglo XIX. De todos modos, justo antes de desaparecer de Gran Bretaña, el gusto por los bear-baiting o espectáculos de tortura de osos con perros fue llevado por los ingleses a Pakistán, donde todavía se mantiene y forma ya parte de la tradición popular. Aunque legalmente estén prohibidos, con frecuencia se presentan en los pueblos de Pakistán estos espectáculos, con asistencia de policías y autoridades locales. A los osos se les arrancan previamente las uñas de los pies y manos, así como los dientes de la boca. Sólo pueden defenderse golpeando con el cuerpo. Se los mantiene sujetos por una cadena que atraviesa su sensibilísima nariz. Se suelta a perros (de dos en dos) especialmente entrenados para atacarlos, que se dirijen a morder las partes más blandas y vulnerables del oso (como los ojos, las orejas, los bajos, etc.). La gente se reúne a verlo tras una empalizada redonda con asientos, como en las corridas. Se paga la entrada y se pasan apuestas (sobre si gana el oso o los perros).
En India también hay una casta inferior especializada en tener cautivos y "amaestrados" osos. Con frecuencia se trata de los relativamente menores osos bezudos (Melanursus ursinus), que habitan en las tierras bajas del este del país, aunque a veces los infortunados son ejemplares de oso pardo (Ursus arctos) u oso negro (Selanarctos thibetanus), capturados en el Himalaya. Con ellos presentan dolorosos espectáculos de osos danzantes en un número de "circo" primitivo y cruel, con los osos también maltratados y sujetos con cadena por la nariz. Luego pasan la bandeja para recoger la limosna de los espectadores.
En Europa la tradición del espectáculo de un pobre oso mutilado al que se le han quemado los pies para que aprenda a "bailar" afortunadamente ha desaparecido. Sólo ha pervivido en ciertos números de circo tristes y antinaturales. Menos mal que también aquí las cosas cambian. Actualmente el circo más prestigioso es el canadiense Circo del Sol, que ha suprimido del todo los números de animales.
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