Mi experiencia en el activismo
Por Mónica Dávila. Miembro de AMEDEA.
Vivimos en un país plagado de violencia, corrupción e injusticias. Ello nos hace cuestionarnos cuál es la raíz del ambiente negativo en el que nos desarrollamos no solo los mexicanos, sino la humanidad en general. Suele ocurrir que nos enfocamos en las promesas incumplidas de políticos y en la falta de escrúpulos de los demás, pero olvidamos analizar nuestro potencial como seres humanos para contrarrestar la negatividad.
Si no somos capaces de coexistir en paz entre nosotros, difícilmente respetaremos a otras especies; sin embargo, se trata de un círculo que puede ser positivo o negativo según lo elijamos. Si empezamos por ser considerados con los demás, sean de nuestra especie o no, generaremos un círculo de armonía. El especismo es la discriminación por especie, es creer que nuestras necesidades y bienestar son superiores a las de todos los demás seres vivos, y ese tipo de intolerancia ha llevado a la humanidad a destruir a la naturaleza.
A pesar de las muchas distracciones a las que somos sometidos a diario con la televisión, la radio o los eventos sociales, no es difícil tomar conciencia de la crueldad que nos rodea. Observar lo antes mencionado me hizo despertar de la indiferencia y ser parte de una solución tan urgente como necesaria. Empecé por involucrarme con el maltrato animal identificándolo como una problemática social; esto sucedió cuando en la universidad me pedían realizar investigaciones con un tema libre: mientras más investigaba, más descubría las barbaridades de las que puede ser capaz el ser humano. Temas como la experimentación, los espectáculos crueles, la comercialización, el abandono y el descuido de los animales de compañía o el mercado de pieles, entre muchos otros, empezaron a generarme mucha impotencia, misma que decidí que no tenía porque sentir si me involucraba en actividades de servicio a esas victimas.
Fue así como encontré a AMEDEA; investigué acerca de esta gran asociación que de inmediato me dio señales de que mi ayuda podría ser de gran utilidad. La rapidez de su respuesta me hizo darme cuenta de que estaba frente a una asociación realmente activa y en búsqueda de más manos que se unieran a la lucha.
Rápidamente me adapté a su forma de trabajo; desde un principio me pareció muy clara su estrategia de realizar acciones, que lejos de protagonismos o de tomar metas inviables o guiadas por sensiblería, en realidad ayudan a los animales de una manera efectiva, con la garantía de generar soluciones a largo plazo.
En el tiempo de colaborar con AMEDEA he aprendido, entre muchas otras cosas, que la labor que realizamos es hoy en día no solo importante, sino necesaria, que es posible cambiar positivamente el pensamiento de muchas personas que quizás eran indiferentes a los temas animalistas, pues una vez que se enteran de las atrocidades a las que son sometidos los animales, reaccionan. Además aprendí que los niños comprenden mejor que muchos adultos el cariño y respeto que se merecen los animales no humanos, y que cuando una asociación se entrega al 100% a su causa y trabaja sin descanso en sus ideales, los resultados se presentan inexorablemente y de manera sumamente satisfactoria.
En nuestro país y en el resto del Mundo existen muchas asociaciones trabajando por diversas causas, todas ellas luchan día a día impulsadas por el fin que persiguen, pero una de las cosas que más llamó mi atención de AMEDEA fue que su filosofía, entre muchas cosas, promueve el trabajo en equipo. Cuando estamos unidos por una buena causa y aplicamos cada uno nuestras habilidades y recursos al fin común, somos mucho más eficientes que si trabajáramos individualmente.
Las buenas noticias en el activismo por los animales no son todo lo frecuentes que quisiéramos y muchas veces la penosa realidad puede ser abrumadora. Sin embargo, cada logro obtenido, cada rescate exitoso, cada persona que ante mis ojos se vuelve consciente del sentir de un ser de otra especie, cada niño que hace evidente su rechazo al maltrato y sufrimiento de los animales, cada medio de comunicación que con espacios como este nos brinda la oportunidad de difundir mensajes de paz, hace que valga la pena el seguir trabajando.
Una de las primeras cosas que aprendí desde que me integré al equipo de AMEDEA fue que “el cambio empieza en uno mismo” y es verdad, no fue difícil para mí darme cuenta de que la causa que me mueve, al igual que a todos los que conformamos esta fuerte asociación, poco a poco fue extendiéndose más allá de mi persona, abarcando y concientizando a quienes me rodean, quienes al escuchar argumentos y realidades que suelen ignorarse, comenzaron a su vez a difundir el único mensaje que no hemos logrado entender como humanidad…. Que TODOS SOMOS EL PLANETA.
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