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"Ningún problema es más importante que otro cuando la Tierra se encuentra en crisis"
Por Mónica Dávila/AMEDEA
Es común para los activistas de diversos ámbitos enfrentarse a cuestionamientos sobre sus razones y argumentos al defender su causa. Para los defensores de los derechos de los animales, uno de esos cuestionamientos tiene que ver con la congruencia entre lo que decimos y lo que hacemos, de ahí que sea un asunto inherente a los animalistas el vegetarianismo y el veganismo, de tal modo que nuestra causa sea una forma de vida. Quienes ignoran la conexión entre los diversos subsistemas ambientales suelen caer en un lugar muy común al preguntar ¿por qué defender a los animales habiendo tantos niños muriéndose de hambre?
El país, o para ser más precisa, el planeta entero, padece de un sinfín de problemas sin solución: injusticias, miseria, cambio climático, guerras, delincuencia, inseguridad, desempleo, etc. Ningún problema es más importante que otro cuando la Tierra se encuentra en crisis, pero estoy convencida de que la violencia y la injusticia que se cometen contra los animales nos afecta a todos. La violencia suele practicarse en los animales y de allí se forman personalidades criminales que atentan contra nuestra especie, pero independientemente de este riesgo directo que se desprende del maltrato animal, una sociedad no se puede llamar civilizada mientras no atienda el tema de la crueldad a los individuos, sean o no de nuestra especie. Más que un asunto de política, economía o inercias, tiene que ver con ética; con la forma en que un pueblo valora o desprecia la vida en cualquiera de sus formas.
Es imposible pensar que una persona pueda dar solución a todos estos problemas, y por eso es importante vernos a nosotros mismos como un enorme frente de acción para contrarrestar tantos problemas que nos aquejan. Mientras unos trabajan por los derechos humanos, otros dedican su tiempo y esfuerzo a proteger al planeta de la deforestación y otros a brindar ayuda humanitaria a los más necesitados. Nosotros elegimos ayudar a los animales, y cuando de salvar al planeta se trata, todo es prioritario.
Pero ¿quiénes son los que por lo general critican el activismo? Precisamente aquellos que no están haciendo absolutamente nada, ni por los niños, ni por el trato animal (que tiene que ver con una buena educación y ejemplo para los menores). No es válido juzgar al trabajo lícito de organizaciones civiles, pues todo mundo es libre de ayudar en los ámbitos de su elección, y resulta curioso que sean los simples espectadores quienes se auto erijan en “jueces” de quienes somos protagonistas de cambios positivos. Cualquier comentario, crítica o burla ante el activismo por los animales demuestra ignorancia, otro de los síntomas de la enfermedad que convierte a nuestra especie en autodestructiva: hay un egoísmo acompañado de desconocimiento que impide evolucionar.
Por lo general las personas que logran transformar la conciencia de la humanidad entregan su vida a una causa, se comprometen con la misma y no cesan hasta alcanzar sus metas. En el activismo animalista se trabaja con compromiso, convencidos de que los no humanos también tienen derechos, pero además, de que luchamos por una sociedad más justa y pacífica. Por esto, en AMEDEA decimos que TODOS SOMOS EL PLANETA.


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