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Foro del Día Mundial por los Animales

El maltrato a los animales y la violencia social
Nelly Glatt Fainholz
Psicoterapeuta

La violencia tiene muchas formas de expresión, todas interrelacionadas entre sí.
En la actualidad vivimos un clima de gran violencia, estamos siendo sacudidos constantemente por acontecimientos dramáticos, podríamos caer en el error de pensar que organizar un foro en pro de los derechos de los animales pudiera ser de poca importancia.
Nada más lejano a la verdad.
Quiero hacer énfasis en que nada sucede de manera aislada y que este tipo de violencia es parte integral de la violencia social de la que todos estamos siendo víctimas, directa o indirectamente.

 “Cualquiera que esté acostumbrado a menospreciar la vida de cualquier ser viviente, está en peligro de menospreciar también la vida humana”
                                                              Albert Schweitzer

¿Qué es la violencia?
“Un acto intencional que puede ser único o recurrente y cíclico, dirigido a dominar, controlar, agredir o lastimar a otros. Casi siempre es ejercida por las personas de mayor jerarquía, es decir las que tienen el poder en una relación, pero también se puede ejercer sobre objetos, animales o contra el propio individuo”
La violencia inhibe el desarrollo de las personas y puede causar daños irreversibles.

¿Qué es crueldad?
“Una respuesta emocional de indiferencia, o la obtención de placer en el sufrimiento y dolor de otros, o la acción que innecesariamente causa tal sufrimiento, ha sido considerado un disturbio psicológico.
La crueldad de los niños que incluye a los animales, es un signo clínico relacionado a desórdenes antisociales y de conducta”
La crueldad hacia los animales se define como un comportamiento socialmente inaceptable que intencionalmente causa dolor innecesario, sufrimiento, distress y/o muerte de un animal.   (Ascione, 1993)

 “El maltrato hacia los animales es una alerta de violencia doméstica hacia los demás miembros de la familia” afirma Steve Effman, abogado especialista en violencia en el estado de Florida.
En los hogares donde hay violencia, ésta es más frecuentemente dirigida hacia los más débiles que incluyen ancianos, mujeres, niños y mascotas.
Si bien la violencia hacia las personas suele ocultarse por todas las implicaciones que ello tiene, el maltrato hacia los animales es mejor tolerado por aquellos que lo observan , sin embargo es muy importante señalar que, al no dar importancia al abuso animal, en realidad estamos ante una bomba de tiempo.

El maltrato, el abuso de poder, la negligencia son actos de violencia sin importar hacia quién o quiénes están dirigidos
Siendo así quiero destacar dos puntos íntimamente relacionados entre sí

Primero hacer énfasis en la detección, prevención y tratamiento de la violencia hacia los animales como un acto de humanidad en sí mismo.
En la cadena evolutiva los animales están en una jerarquía menor que el humano, y tener la supremacía lleva aparejada una obligación, una responsabilidad, que es la de cumplir como guardián de las especies inferiores a él.
Si realmente queremos combatir la violencia, una parte de nuestra lucha  consiste también en erradicar el maltrato a los animales.

El segundo punto que quiero destacar es el que esta violencia hacia los animales nos puede servir como detector y señal de alerta hacia la violencia intrafamiliar ya que la crueldad hacia los animales y la violencia humana tienen una relación directa

Debemos saber que:

  • los niños que maltratan a sus mascotas pueden estar siendo ellos mismos víctimas de abuso por alguien mayor y con más poder
  • estos niños, a la vez abusados y abusadores se están graduando de la escuela de la violencia que ellos mismos perpetuarán al ser mayores y al tener sus propias familias
  • este abuso puede ser el único signo visible de una familia donde existe el abuso, ya que el abuso hacia animales suele hacerse de manera más abierta y esto puede ayudar a iniciar un diálogo con respecto a la violencia que puede conducir a descubrir al responsable de la violencia hacia las personas de esa familia.
  • una persona que abusa de un animal no siente empatía hacia otros seres vivos y que tiene mayor riesgo de generar violencia hacia las personas. “Una de las cosas más peligrosas que le pueden pasar a un niño es matar o torturar a un animal y salirse con la suya” (Margaret Mead, antropóloga, 1964)
  • el niño que lastima a un animal puede estar siendo testigo de actos de violencia
  • si un niño nos habla sobre el maltrato a su mascota, podría estar hablándonos también de su propia historia ya que se les facilita más hablar del sufrimiento de otros que de su propio sufrimiento.
  • amenazar con lastimar a la mascota puede ser una forma de violencia psicológica que se utiliza contra el niño para que se “porte bien” o como una forma de mantener en secreto algún tipo de abuso al que éste está siendo sometido
  • algunos jóvenes se han convencido de su supuesta “maldad” proyectada sobre ellos por sus padres y se comportan de la manera que se espera de ellos. Imitan la violencia que parece ser la forma de vida “normal” para ellos
  • según los especialistas, protagonizar  u observar actos de crueldad pude llegar a ser tan traumático como ser víctima de abuso físico y que por lo tanto es altamente probable que el niño presente un alto riesgo de convertirse en padre abusivo, quien a su vez puede producir otra generación de niños violentos.

 

Algunas características de los niños ó jóvenes que abusan de los animales:

  • sentirse indefensos o controlados por otros
  • usan a los animales como chivos expiatorios por el enojo que sienten hacia otros o hacia la sociedad
  • nunca se les enseñó a valorar la vida de los demás
  • son víctimas de rechazo
  • son víctimas de castigos severos
  • baja autoestima  e inseguridad
  • aislados

El maltrato y la violencia se da más a menudo en hogares donde existe el alcoholismo y/o el abuso de drogas por parte de los padres.

El maltrato animal y su relación con la delincuencia

Cada vez que no tomamos en consideración el maltrato a los animales, somos partícipes de una actitud moralmente injusta (Solot, 1997) y "perdemos una oportunidad de identificar un comportamiento que podría ser un precursor de violencia contra los humanos" (Merz-Perez et al.,2001
Se llevó a cabo un estudio llevado a cabo en Barcelona en una población de condenados por delitos violentos (homicidio, asesinato, agresiones sexuales). Se encontraron antecedentes de crueldad hacia animales en un 41% de los 50 participantes en el estudio.
En el primer estudio sistemático sobre asesinos en serie y agresores sexuales, Ressler y sus colegas Burgess y Douglas vieron que el 46% de ellos habían torturado animales cuando eran adoelscentes. En otro estudio clásico sobre criminalidad y crueldad hacia animales, se encontró que los internos condenados por crímenes violentos (agresiones sexuales, homicidios, asesinatos, pedofilia) presentaban mayor frecuencia de antecedentes de maltrato a los animales que los convictos por delitos no violentos. 
La exposición a crueldad hacia animales, así como otras formas de violencia en niños, puede contribuir de manera decisiva al inicio del proceso de desensibilización, haciendo, en consecuencia, que haya una mayor tendencia a cometer actos de violencia interpersonal.

Según Púrpura, se ha comprobado que la violencia es un proceso que, por lo general, comienza cuando la persona es testigo de actos violentos, lo cual es difícil de cortar porque generalmente se da en el ambiente familiar. "Luego, desde el punto de vista psicológico, la persona se acostumbra a los actos de violencia y posteriormente comienza a ejercerla en forma progresiva, obviamente, al principio sobre los seres más indefensos", dijo. "El grave problema -agregó- es que la realización de esos actos de violencia provoca una sensación de poder, que es lo que, en definitiva, lleva a una progresiva adicción a ellos. De ahí en adelante, cada vez son más violentos, y por lo general se realizan sobre seres que se encuentran en un nivel de menor indefensión", es decir los animales domésticos.
La crueldad origina violencia, y la violencia, delincuencia. Hay un estudio que comprobó que si bien no todos los maltratadores de animales se convierten en asesinos en serie, sobre una muestra analizada en Estados Unidos, todos los asesinos en serie tenían antecedentes de maltrato a animales.  (Gena Icazbalceta)
El abuso animal es apenas un eslabón de una cadena de abuso que lastima a todo el mundo.
Todas estas consideraciones llevan a la conclusión de la necesidad del trabajo integrado de padres, educadores, maestros, asociaciones de protección animal, trabajadores sociales (Zilney 2001), veterinarios (Landau 1999, Green & Gullone, 2005), pediatras (Muscari 2001), agentes de la autoridad, magistrados y abogados (Davidson, 1998) etc., junto con el desarrollo de líneas de investigación por parte de sociólogos, criminólogos y psicólogos para proporcionar unas bases teóricas para comprender cómo se produce el inicio del maltrato a los animales (Agnew, 1998) e iniciar una intervención adecuada (Zimmerman, E., 2000; Shapiro, K., 2005).
“La verdadera bondad del hombre sólo puede manifestarse con absoluta pureza y libertad en relación
con quien no representa fuerza alguna. La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad, la más
profunda, tal que escapa a nuestra percepción, radica en su relación con aquellos que están a su
merced: los animales”.  (Milan Kundera)

 

 

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DIA MUNDIAL POR LOS ANIMALES. 3 DE OCTUBRE DE 2008 COYOACÁN, D.F.

CENTRO CULTURAL ANA MA. HERNÁNDEZ
Pacífico No. 181
FORO “JUSTICIA PARA TODAS LAS ESPECIES ANIMALES”

CONFERENCIA

Los Representantes Populares y la Legislación Relacionada con los Animales

Ponente: Gustavo Larios Velasco. Presidente de AMEDEA

La crueldad hacia los animales es producto de inconciencia y pereza mental, además de ser un síntoma social de intolerancia.

Hay gente a la que no le interesa cambiar sus hábitos ni por su propia salud; mucho menos concibe modificar sus gustos o vicios para salvar la vida o evitar el sufrimiento de otros seres, e ignora que con ello contribuye al calentamiento global y a la violencia que padecemos. Afortunadamente hay una creciente capacidad para terminar con atavismos; sobre todo los niños y jóvenes están más conscientes del asunto de la crueldad, y de una u otra forma cuestionan a discriminadores esquemas familiares y a inercias primitivas.

El Estado puede y debe poner límites al egoísmo, a la discriminación y al abuso en bien del interés colectivo, pero a veces, quienes toman las decisiones poseen perfiles psicológicos que francamente preocupan.

Los países menos violentos son coincidentemente los que más protegen al ambiente y a los animales. Desde luego, sus instituciones educativas y de seguridad han considerado el factor de la crueldad a los animales dentro de sus planes y políticas públicas.

En el fondo, casi todos sabemos que no es justificable hacer sufrir o asesinar, pero algunos pretenden ignorarlo o negarlo por complejos, por intereses o por morbo. El sentido común de genios como Sidartha, Asoka, Leonardo o Miguel Ángel, o en épocas más recientes, el de hombres de la talla de Juárez, Jeremías Bentham, Einstein o Gandhi, nos ha ilustrado sobre la forma en que deberíamos comportarnos con las demás especies.

Filósofos contemporáneos como Singer, Reagan, Franccione, Mosterín, nuestro invitado Oscar Horta o el querido amigo Alejandro Herrera, con un razonamiento excelentemente estructurado nos exhortan a superar atavismos, a dejar atrás esa discriminación particularmente vergonzosa por lo abierto o cínico de su manifestación en pleno siglo XXI: el especisismo.

La  ciencia ha confirmando que los animales no humanos también sienten, se estresan, tienen conciencia, y que su comportamiento obedece a una inteligencia sorprendente. Sus actos no surgen de meros instintos; de hecho, son capaces de reaccionar ante situaciones de peligro con mucha más valentía y lealtad que muchos humanos. Pero además, la ciencia ha demostrado que la crueldad  hacia los no humanos afecta a la salud física  y mental de nuestra especie, así como al ambiente y a la seguridad. Ya no hay duda alguna de la estrecha relación entre la criminalidad y el maltrato a los animales; sin embargo en México (aún ahogados en violencia) no existe una sola declaración de servidores públicos que toque el tema y peor aún, los más altos dirigentes se presumen taurinos y hasta utilizan fondos públicos para promover escuelas taurinas.

El Derecho no ha sido ajeno a lo que nos enseña la filosofía y la ciencia: hay diversa normatividad que lo demuestra. Juárez y los legisladores de su tiempo tuvieron la inteligencia y la honestidad de prohibir todo espectáculo con animales y otras formas de crueldad. El principio de ser éticos con los no humanos para prevenir violencia, aplica lo mismo en peleas de perros o en rastros, que en palenques, pamplonadas o corridas, pero claro, el Benemérito  no hizo excepciones sólo para complacer a grupos poderosos. 

Hay normatividad protectora de animales a nivel internacional, nacional, estatal y hasta municipal, y en todos los casos las exposiciones de motivos refieren que a la sociedad le beneficia promover el trato ético a los animales y sancionar a la crueldad, pero en casi todos los casos mexicanos se exceptúa a los negocios crueles de los influyentes.

No puede haber ni costumbre ni estética alguna, bajo cualquier escala de valores seria, que importe más que la vida o la capacidad de sufrir de un ser, y tampoco, que justifique la promoción de la violencia.

En ese contexto, seguimos siendo uno de los ocho países que aún permiten las corridas de toros y peor aún, hasta usamos fondos públicos para promoverlos. España ya no transmite en su TV pública corridas, ni permite el acceso de menores a las plazas, para protegerlos en su sano desarrollo psicológico.

Los legisladores mexicanos necesitan conocer de maltrato animal y criminalidad, y actuar en consecuencia. Si al ejecutivo no le interesa y sigue creyendo que sólo con retenes como va a conseguir la paz, los legisladores le deben informar y convencer de que hay caminos mucho más eficientes: acceso a una educación de calidad, empleo digno y bien remunerado, deporte, arte, civismo y ética sin discriminación… incluida la de la especie.

Los legisladores, como representantes populares, tienen la responsabilidad de velar por el interés público. Si una ley afecta a la sociedad, hay que cambiarla, y si el ejecutivo no la hace  valer, o sus políticas públicas son mediocres, se le debe llamar a cuentas y en su caso, fincar las responsabilidades administrativas y penales procedentes. Necesitamos legisladores que actúen ante la indolencia, ineficiencia y corrupción de policías, ministerios públicos y jueces. La ciudadanía se ha convertido en un actor social, proponiendo y denunciando con calidad y valor, pero la autoridad no ha estado a la altura de ello. Por una parte, se siguen permitiendo peleas de gallos, cacería “deportiva”,  circos con animales (en el DF está prohibida la cacería)… y por otra, los abusos que ya están prohibidos por la ley… como si no lo estuvieran.

Existe bibliografía, páginas, contactos internacionales y otros instrumentos sobre el tema de la violencia, para que los legisladores conozcan y se convenzan de la necesidad de trabajar fuerte en la crueldad a los animales. No es cuestión de gustos o aficiones, es un asunto de importancia medular, y más con la violencia desbordada que padecemos. Si se cambia a la demagogia por la acción y se combate la crueldad a los animales, se estará abonando en serio a la salud mental del pueblo de México y por ende, a la paz que la mayoría deseamos.

Empecemos por llamar por su nombre a los asesinos o abusadores de animales y dejemos de alimentar argucias que solo favorecen a quienes se enriquecen o divierten con ello. Los promotores de las corridas no saben ni dónde clasificar a su patología: le llaman arte y cultura, pero lo ponen en la sección de deportes. Voy a aclararles sus dudas: ni en cultura ni en deportes: su lugar apropiado en los periódicos es la nota roja.

Qué bien le haría a México contar con más servidores públicos como el Presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Yucatán, que frente a los legisladores locales llamó corrupción de  menores a las escuelas taurinas, y tener menos como el Delegado de Tlalpan, que usa a los espacios deportivos como palenques y plazas de toros.

El caso del paquidermo atropellado recientemente no fue un “accidente” o un “descuido”. El penoso hecho en donde falleció (además de la elefantita) una persona y varias más resultaron lesionadas, constituye una irresponsabilidad que involucra a la estructura gubernamental en todos sus niveles. Por más que se repiten casos de circos que cuestan la vida o que alteran la salud de humanos, se sigue exponiendo a la sociedad con el confinamiento y tortura de animales silvestres para algo tan banal como el ocio, y en una forma que perfectamente pudiera evitarse. Es muy fácil la solución: NO DEBE HABER CIRCOS CON ANIMALES. Si los servidores públicos mexicanos están aún lejos de comprender los derechos a la vida, a la libertad y al no sufrimiento de todas las especies, por lo menos debieran sancionar la crueldad en atención del ambiente, la salud y la seguridad pública.

En AMEDEA pugnaremos por una alianza entre representantes populares sensibles, medios y sociedad civil organizada, para fomentar el respeto a todas las formas de vida e ir desterrando a la discriminación por especie.




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Calzada de Tlalpan No. 4888-207 Col. La Joya, C.P. 14090 Delegación Tlalpan, Mèxico, D.F.