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El rincón del cinéfilo

 

Por Alejandro Herrera Ibáñez
 
Clint Eastwood (Million Dollar Baby, El sustituto) nos hace una nueva entrega en Gran Torino (EUA, 2009.  Dur. 1:56), brindándonos material de reflexión sobre la soledad, la guerra, los odios interraciales, el remordimiento, la culpa y la expiación.
 
     Walt Kowalski (interpretado por el propio Eastwood), es un veterano de la Guerra de Corea, quien instalado ya en la tercera edad y quedando viudo, tiene que hacer frente a su terrible soledad y al dilema de irse a vivir con sus hijos o convivir con sus nuevos vecinos orientales.  Kowalski es el típico norteamericano que cree únicamente en sí mismo, que no tiene nada que aprender de nadie.  Lo único que Kowalski desea es ser molestado lo menos posible por sus hijos y sus cónyuges, así como por los vecinos de una etnia vietnamita que viven en el barrio y a un lado de su casa.  Sólo desea estar tranquilo, sentado en su porche y bebiendo cerveza con su noble perro a sus pies.
 
            Para desgracia suya, el barrio ya no es lo que solía ser.  Se ha vuelto un barrio bravo, plagado de pandillas de jóvenes latinos, negros y asiáticos que rivalizan entre sí, y que se dedican a buscar dinero fácil debido al desempleo y la discriminación.  Kowalski, sin embargo, impulsado por el arraigo al suelo, prefiere vivir en ese territorio que parece un campo de guerra perpetua, que irse a vivir con unos hijos que fueron siempre para él unos desconocidos.  De hecho, gracias al impulso frescamente juvenil de una vecina adolescente que rompe el hielo, se irá dando cuenta gradualmente que tiene mucho más que compartir con sus vecinos que con su familia y el sacerdote que –por voluntad de su difunta esposa- está empeñado en que se confiese.


            Con su fardo a cuestas –una mezcla de sentimiento de orgullo patriótico y de sentimiento de desilusión y rechazo a todo lo que significó enfrentarse a la muerte matando-, Kowalski sale gradualmente de su caparazón, para finalmente buscar redimirse de su pasado en el único acto que podría dejarlo satisfecho, un acto de amor que nunca había podido manifestar a nadie.  Eastwood nos deja un gran sabor de boca con este filme que decidió realizar cuando ya había pensado abandonar su carrera fílmica.


            El viernes el Cine Morelos abrió su sala a la Asociación Mexicana por los Derechos de los Animales y a FoliaLumiere, quienes se unieron para brindar a un numeroso auditorio una exquisita función de joyas del cine mudo en las que figuran animales, que llevó por título FoliaAnimal.  Los cortometrajes fueron acompañados con música en vivo interpretada al piano por Deborah Silberer, quien realizó estupendamente su acompañamiento, a la manera en que lo hacía en los Estados Unidos el legendario Dennis James.  El primer corto, titulado Rescatando a Rover, es una verdadera joya rescatada por Silberer, pues se trata del primer filme en el que actúa un animal, en este caso un collie.  El segundo, Un perro afortunado, es otra joya en la que Stan Laurel y Oliver Hardy (“el Gordo y el Flaco”) actúan por separado antes de formar la pareja que los haría mundialmente famosos.  Los maquillajes expresionistas que usan son muy interesantes.  El tercer corto fue ya uno de los clásicos de Laurel y Hardy como pareja, con un cómico argumento que gira alrededor de una simpática cabra.  Y como delicioso postre, se proyectó nada menos que la tierna historia Vida de perro, del gran Charles Chaplin.  El plato fuerte vino después de estos cortos, con la proyección de un documental filmado en Israel, pero aplicable a todo el mundo, sobre la explotación y maltrato de los animales de consumo.  El documental argumenta de una manera paradójica, muy ingeniosa y original, por qué deberíamos comernos a nuestro perro en lugar de a los animales que son explotados por la industria de la carne. 


Felicidades a FoliaLumiere por su labor de rescate del cine mudo, y a Gustavo Larios, presidente de AMEDEA, junto con sus socios, por su labor concientizadora hacia el trato ético hacia los animales, así como a Miguel Angel Mendoza, director del Cine Morelos, por haber facilitado la sala para tan excelente función.


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